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Uno
de los Monumentos históricos de Mazatlán que hoy significan el desarrollo
espiritual, político y de trabajo de los mazatlecos, es sin duda
el teatro Angela Peralta.
Este edificio que desde su construcción
sorteó varios escollos al paso del tiempo, refleja también el trabajo
por la excelencia artística, y resúme en su historia la vocación
de los ciudadanos mazatlecos por hacer de la cultura y el arte,
parte de su quehacer cotidiano.
La característica de ser uno de
los más bellos teatros del noroeste del país, y la singularidad
de contar con una sólida infraestructura, además de que haya sido
inaugurado tres veces, son factores que le han dado relevancia a
este coliseo.
Pero el elemento más importante,
sin duda, es, que antes de actuar en este teatro, murió ahí, la
famosa cantante y diva, Angela Peralta.
Son varios los antecedentes de este
teatro, pero si nos remontamos imaginariamente a la época pasada
de nuestra ciudad, en los años de 1830 a 1841, cuando el auge comercial
se desarrolló y generó una singnificativa actividad en este puerto,
tenemos que la historia registra, con testimonios de 1828, que en
el estado de Sinaloa no se conocen los Teatros.
La
diversión principal eran los gallos, juegos del monte o albures.
La gente se divertía sólo con las fiestas de festejos de santos
patronos de pueblos; de ahí se desprendieron los juegos de cohetes
y carreras de caballos.
En la época de los 30 nacieron y
se desarrollaron dos teatros en aquel viejo Mazatlán. Nos estamos
refiriendo al Teatro Alegría y Principal. Del Alegría no se sabe
exactamente en donde estaba ubicado, pero del Principal, la historia
indica que estaba por la calle de su mismo nombre, hoy Belisario
Domínguez.
30 años después, en 1874 se supo
del Teatro Recreo que se ubicaba en la calle también del mismo nombre,
que hoy es Constitución; este teatro, se sabe, fue destrozado parcialmente
por un ciclón en septiembre de 1884 que le destruyó la mitad.
En 1895 se construyó el Teatro Variedades,
en donde trabajó como maestro de obras Santiago de León. Este se
ubicaba en la calle Recreo 558. En 1904 este local fue ocupado por
la fábrica de puros La Universal.
Ya
para 1840 Mazatlán era el principal puerto comercial de la costa
mexicana del pacífico. La ciudad contaba con cerca de 5 mil habitantes;
existían entonces gran variedad de lenguas y razas, por lo cosmopolita
que ya era este lugar entorno al comercio.
Sin lugar a dudas se habían consolidado
las bases para un gusto por el espectáculo teatral, por eso en 1868
el Ayuntamiento de ese entonces publicó el primer reglamento de
teatros.
Este reglamento normaba al menos
el funcionamiento del Teatro Recreo, pues nunca se supo cuando cerraron
el Principal y el Alegría.
El reglamento de ese entonces entre
otras cosas contenía: La prohibición de no fumar dentro del edificio
del teatro, de no tener el sombrero puesto durante la representación;
se suplicaba al público, se abstuvieran en lo posible de llevar
al teatro sombrero ancho, por la molestia que se causa a la concurrencia,
otra súplica era que los ciudadanos se abstuvieran de ir al teatro
armados.
También se prohibió silbar, gritar
o hacer demostraciones escandalosas ya sean de aprobación o de gusto.
Igualmente se prohibió llevar al teatro a niños de pecho que molestan
con su llanto .
Este
reglamento del Ayuntamiento de 1868 demostraba la naciente cultura
que se estaba desarrollando en el puerto por el teatro. Simultáneo
a este reglamento se dió a conocer la necesidad de que en Mazatlán
hubiera un nuevo teatro que superará las carencias de los ya existentes.
Fue así que el regidor Márquez,
un año después, presentó al Ayuntamiento un proyecto para un nuevo
teatro, pero nunca se llevó al cabo, sin embargo quedó en claro
que Mazatlán ya necesitaba lugar para espectáculos.
En agosto de ese mismo año el comerciante
Manuel Rubio, vecino de Fominil, Durango, presentó una solicitud
al Ayuntamiento mazatleco para construir un teatro en la ciudad,
y pidió como ayuda al gobierno que quedará exento de impuestos por
20 años. El Ayuntamiento lo apoyó a su modo, aceptando la propuesta
solo hasta que el teatro estuviera terminado. La idea del señor
Rubio era darle a Mazatlán un espacio teatral más elegante para
la presentación de Opera, Zarzuela y Opereta; que estaban de moda.
La construcción se inició ese mismo
año, con planos traídos de Europa, y estuvo a cargo del ingeniero
Librado Tapia, que era el ingeniero de la ciudad, algo así como
el director de obras públicas en la actualidad, él en su proyecto
de fachada apuntó que sería un trato popular de orden secundario.
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