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Teatro Angela Peralta. Parte II

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Teatro Angela Peralta. Parte II
 

Manuel Rubio nunca vió terminada su obra, pues murió en un naufragio durante un viaje a Europa de donde pretendía traer los decorados de París; pero su viuda Doña Vicenta Unzueta, continuó la obra hasta su inauguración, invirtiendo más de 75 mil, de aquellos pesos.

Aún cuando no estaban colocados la totalidad de los barandales de los balcones, el teatro se inauguró el 14 de febrero de 1874, actuando la compañía española del señor Luke con la obra "La Campana de Almudaina" y "La casa de Campo", e inmediatamente exigió se cumpliera el decreto del no pago de impuestos, a lo que el Ayuntamiento se negó alegando que el teatro no estaba terminado y que la casa anexa a este edificio había dejado de ser casa habitación de la familia Rubio para convertirse en el Hotel Iturbide.

Y es que la viuda de Rubio para recuperar el doble de la inversión en el teatro, y ante la negativa de ayuntamientos para el no pago de impuestos, acondicionó su casa para hospedaje, conviertiendola en el Hotel Iturbide.

Luego de varios años de estira y afloja entre la viuda y el ayuntamiento, finalmente en 1878 la viuda perdió la batalla, y tuvo que vender sus propiedades para pagar sus adeudos. Las fincas pasaron a ser propiedad de Juan Bautista Hernández, socio de una de las firmas más poderosas de Mazatlán, la Hernández Mendía y Asociados; quién de inmediato aludió al famoso decreto del 69, y esta vez los regidores le dieron la razón a Juan Bautista, la misma que anteriormente le habían negado a la viuda. Jamás se supo de la viuda de Rubio ni de sus hijas.

Para 1881 el teatro ya estaba transformado en un teatro de lujo, con el segundo piso del pórtico y el tercer nivel de balcones; dichos agregados fueron la obra de Santiago Leon Astengo. Con 1366 localidades y con los mejores adelantos de la época, fue reinaugurado el teatro Rubio el 6 de febrero de ese mismo año.

Cuando arribó a Mazatlán, María de los Angeles Manuela Tranquilina Cirila Efrena Peralta y Costera, el ruiseñor mexicano, o Angela Peralta como se le conoció, ya había llegado al puerto la fiebre amarilla.

Los Periódicos de todo el país, con intercambios de ejemplares difundían los contundentes éxitos obtenidos en las diferentes plazas en que actuaba la diva, por lo que su visita tenía expectantes a los pobladores de Mazatlán.

Cuando se anunció la llegada de Angela Peralta a Mazatlán, 3 días antes el Ayuntamiento acordó para su recepción entre otras disposiciones que una comisión estaría en el muelle para que al desembarcar la cantante le saludara a nombre de los habitantes del Distrito; también se dispensaría a las funciones de ópera de la cuota municipal marcada en el presupuesto vigente, entre otras cosas.

Finalmente el 22 de agosto de 1883, a 9 de la mañana llegó Angela Peralta junto con la compañía de la ópera italiana a bordo, con 80 artistas, y su amante Julián Montiel y Duarte.

La agitada multitud que invadía el muelle provocó que con grandes trabajos llegará la comisión del Ayuntamiento junto a la diva, impidiendo que la ceremonia de bienvenida se llevará a efecto con la almidonada solemnidad protocolaria con que se había planeado desde el salón de sesiones. Los más principales del puerto tomaron sus lugares en los carruajes que se tenía listos para la ocasión.

Dentro de la masa un grupo de admiradores quitó los caballos del carro de la Peralta, que abría la procesión, y tiró de él tomando por la calle del Arsenal abriéndose paso entre la gente que inundaba calles y banquetas.

En ventanas y balcones, familias enteras se habían apostado para ver pasar a la legendaria mujer. El festivo desfile, con su algasara y sus músicas, cruzó la Avenida del Pacífico y después las calles de la Reforma y de Diana y al llegar a la calle del Oro, doblo a la derecha continuando por ella, cruzó las calles de Venus, del Sacrificio, Príncipal, de Tacuba, pasando por la plaza Machado donde termina la calle, justo frente a la puerta del Hotel Iturbide, en el que se tenía preparada la habitación número 10 que, con grandes cuidados, como una jaula de filigrana, se había destinado para el descanso del ruiseñor mexicano.

 




 

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